Caminaba bajo la lluvia. Con
unas ganas tremendas de correr, pero algo me lo impedía. En ese momento
me daba igual lo que pasara a mi alrededor. Como si granizaba, o cayeran piedras. No me importaba nada de lo que pasaba. Sólo tenía ganas
de llorar y gritar. Y cuando estás cara a cara con esa persona a la que
tenías tantas cosas que decirla, te bloqueas, y no sabes que hacer, si
llorar o soltarlo todo de golpe. Pero, ¿sabes qué? Aveces un abrazo
es suficiente...
No hay comentarios:
Publicar un comentario